Cómo quitar el óxido del metal: Causas, tratamiento y protección

El óxido es uno de los problemas más comunes en las superficies metálicas, afectando tanto al sector industrial como a los entornos domésticos. Aprender a cómo quitar el óxido del metal no consiste solo en remover la mancha visible, sino que hay que identificar el origen del óxido, los factores ambientales a los que está expuesto y el tipo de superficie que se quiere tratar.

Para eliminar el óxido de manera efectiva, con resultados duraderos, es importante aplicar productos específicos que entreguen una limpieza profunda y luego, proteger el metal para evitar su reaparición.

En este artículo vamos a entregar consejos técnicos que explican las causas del óxido, las alternativas que ofrece el mercado para su tratamiento y la importancia de proteger el metal.

Qué es el óxido y por qué se forma en los metales

Cuando un metal entra en contacto con el oxígeno y la humedad, se produce una reacción química conocida como oxidación. Esto genera una capa de corrosión en la superficie metálica, que altera la estructura del metal, comprometiendo su resistencia.

La aparición del óxido es el inicio de este problema. Si no se trata a tiempo, esta capa puede seguir avanzando sobre la superficie, “comiéndose” la pieza, provocando grietas, descamación y deterioro del metal.

Esto ocurre cuando el metal no cuenta con una protección adecuada. Por eso, es fundamental quitar el óxido del metal lo más pronto posible, cuando el daño aún es superficial.

Superficies metálicas sometidas a las condiciones que favorecen la aparición de óxido

Condiciones que favorecen la aparición de óxido

Existen ciertas condiciones del entorno y del uso del metal, que influyen directamente en la velocidad de propagación del óxido. Cuando estos factores externos están presentes de forma constante, la superficie metálica necesita una protección duradera, para evitar la sobreexposición de estos agentes que favorecen la corrosión.

Ambientes húmedos, exposición al agua y condensación

La humedad es uno de los principales factores que propicia la corrosión en los metales, ya que puede mantenerse sobre el metal durante mucho tiempo. Esto provoca que las partículas de agua reaccionen de forma constante con el metal, acelerando el proceso de oxidación.

Asimismo, cuando una superficie metálica permanece expuesta al agua, ya sea por la lluvia, el contacto directo con líquidos o por la condensación, se pierde la barrera protectora natural de la pieza. Esto facilita la entrada del oxígeno en el metal, provocando daños superficiales.

Por esta razón, es fundamental proteger el metal antes de exponerlo a estos agentes ambientales. En los casos en que no sea posible aplicar una protección directa, se recomienda mantener las piezas en lugares techados, donde sea posible controlar la exposición al agua, la humedad y la condensación, con el fin de evitar el deterioro prematuro de los metales.

Presencia de sales y agentes químicos

Más allá de la humedad, ciertas sustancias actúan como catalizadores agresivos que disparan reacciones químicas en las superficies metálicas. La exposición constante a estos agentes químicos puede provocar, con el tiempo, fallos estructurales y un deterioro progresivo de la pieza.

En entornos salinos, como zonas costeras, el aire contiene cloruros que aumentan la conductividad eléctrica del agua presente en la superficie metálica. Esto facilita el intercambio de electrones en el metal, haciendo que la oxidación superficial, se convierta en una corrosión profunda.

Cuando las sustancias ácidas o los productos químicos entran en contacto con las superficies metálicas, pueden debilitar o eliminar la capa protectora del metal, atacando directamente la superficie y dejándolo más expuesto a la corrosión.

Cómo quitar el óxido del metal de forma correcta

Quitar el óxido del metal de forma correcta, no se trata solo de remover la capa de óxido visible de la superficie. Es necesario considerar el estado de la superficie, el tipo de metal y el nivel de daño existente, ya que utilizar el producto incorrecto puede generar resultados superficiales, favoreciendo la reaparición de la corrosión.

Es por esto que, antes de definir cómo eliminar el óxido, es importante conocer las distintas soluciones disponibles en el mercado e identificar cuál se ajusta mejor a cada necesidad, para que el tratamiento sea efectivo y compatible con el tipo de metal.

Productos químicos para quitar el óxido del metal

Dentro de las alternativas disponibles para el tratamiento de las superficies oxidadas, algunos productos químicos ofrecen una solución eficaz para tratar el metal sin recurrir a métodos mecánicos agresivos.

Entre estas soluciones se encuentran los desoxidantes fosfatizantes, que son utilizados para eliminar el óxido incrustado en las piezas. Este producto actúa directamente sobre la corrosión, eliminándola sin dejar residuos en la superficie metálica.

Por otro lado, los convertidores de óxido están formulados para actuar sobre la superficie que tiene corrosión, transformando químicamente el óxido en una capa grisácea que se fija al metal. Este producto es ideal cuando el metal requiere una protección adicional antes de someterse a procesos posteriores, como la aplicación de pintura u otros recubrimientos.

Criterios técnicos para elegir el producto adecuado

Al momento de seleccionar un producto para tratar las superficies oxidadas, es importante evaluar ciertas variables técnicas antes de aplicar cualquier solución. Uno de los primeros aspectos a considerar es el tipo de metal, ya que no todos reaccionan de la misma forma frente a los tratamientos químicos. También hay que analizar el grado de oxidación presente, identificando si se trata de una oxidación superficial o de una corrosión más profunda.

Otro criterio es el uso final de la pieza. No es lo mismo tratar un metal que quedará expuesto a las condiciones ambientales, que uno que será almacenado en un lugar techado y con ambiente controlado.

También, se debe considerar el tiempo de acción del producto, la facilidad de uso y las medidas de seguridad, ya que estos factores influyen en la correcta aplicación del producto químico, asegurando que la eliminación del óxido se realice de forma eficiente y bajo condiciones óptimas.

Cómo proteger el metal después de quitar el óxido del metal

Cuando el óxido es eliminado, la superficie metálica queda expuesta a los agentes externos. Al no contar con una capa protectora, el metal puede volver a reaccionar con el oxígeno y la humedad, provocando la reaparición de la corrosión. Por esta razón, la protección posterior es clave para mantener el metal en buen estado por más tiempo.

Neutralización de la superficie tratada

La neutralización cumple un rol clave en la eliminación del óxido, ya que permite estabilizar el metal, detener reacciones residuales y dejar la superficie preparada para los procesos posteriores. Este proceso evita la reactivación del óxido para aplicar la capa protectora correspondiente.

Mantención del metal para prevenir la corrosión

Una vez que la superficie metálica ha sido tratada y neutralizada, es necesario conservar el metal para que pueda resistir las condiciones ambientales a las que estará expuesto, manteniendo su apariencia durante el almacenamiento o el transporte.

La aplicación de un protector de metales permite crear una película protectora sobre la pieza metálica, ya que crea una barrera frente al aire y la humedad, reduciendo la interacción entre el metal y los agentes que generan la oxidación. Este tipo de productos se utiliza en las superficies que están a la intemperie por un largo periodo de tiempo.

Incorporar este tipo de protección dentro de un plan de mantención, ayuda a extender la vida útil del metal y reduce la necesidad de tratamientos contra el óxido a corto plazo. De esta forma, la prevención se convierte en parte del proceso, y no en una acción reactiva frente a la aparición del óxido.